Patología Forense. Introducción a la Estrangulación: Tipos de estrangulación

 

Dividiremos en 3 grupos + 1 los tipos de estrangulación, siendo tal división:

  • Estrangulación Manual
  • Estrangulación Antebraquial
  • Estrangulación a Lazo
  • Otros métodos de estrangulación más inusuales

La ESTRANGULACIÓN MANUAL, como su propio nombre expresa, es aquella en la que la presión se ejerce sobre el cuello mediante maniobra de “presa” con las manos. Salvo casos muy especiales, por norma general son los dedos los que ejercen la máxima presión, y es tan habitual que el agresor use ambas manos como solamente una, con la diferencia que, al hacerlo con ambas, los pulgares pueden atrapar la laringe y comprimirla, o bien dirigirse posteriormente, comprimiendo preferentemente estructuras vasculares. Rara vez se utiliza la palma de la mano sin el uso de los dedos como elemento compresor.

En lo relativo a la etiología médico legal, hablaremos de homicida, suicida y accidental.

Homicida: Salvo pocas excepciones, la gran mayoría de estrangulaciones manuales tienen etiología homicida, donde la muerte es posiblemente originada por inhibición vagal.

Aparte de casos excepcionales, este tipo de estrangulaciones suelen requerir una desproporción de fuerzas entre agresor y víctima. Las víctimas suelen ser mujeres, niños e incluso bebés. En adultos fornidos, es raro encontrar esta circunstancia salvo que limiten su posibilidad de defensa ya sea por intoxicación por drogas, patologías incapacitantes o bien si el ataque fue de manera sorpresiva.

La etiología suicida es recogida como imposible en a literatura. Al ceder la presión de la mano con la llegada de la inconsciencia, el suicida se recupera. No obstante, existe algún caso infrecuente en el que el suicida adopta una postura inadecuada en la que la presión no cede tras la pérdida de consciencia. En 1888 Polso y Gee documentan un caso en el que una suicida realizó una maniobra de estrangulación en la que, sentada en el suelo, sostenía sus codos sobre las rodillas flexionadas y apoyaba su espalda sobre la pared.

De manera accidental es posible que al agarrar fuertemente a otra persona por el cuello pueda resultar fatal. La muerte suele ocurrir por inhibición vagal y suele aparecer en contextos de disputas o encuentros sexuales con fines autoeróticos.

 

La ESTRANGULACIÓN ANTEBRAQUIAL es aquel tipo de estrangulación cuando el elemento usado para comprimir las estructuras cervicales es el antebrazo.

En la inmensa mayoría de casos el agresor se ubica detrás de la víctima, existiendo dos modalidades principales, que dependerán de la colocación del antebrazo respecto al cuello. En dichos casos las lesiones externas son menos visibles que en la estrangulación manual, debido a la ausencia del efecto traumático cutáneo de uñas y dedos. Este tipo de muertes generalmente requieren la intervención de un tercero pues no es posible el suicidio por esta modalidad, y suelen ocurrir de forma no intencional en las llamadas muertes bajo la custodia policial. Se han encontrado accidentales en procesos lúdicos y deportivos.

Los dos tipos principales de este tipo de estrangulación se denominan:

  • Bar Arm Control: Donde el antebrazo se encuentra sobre la vía aérea de manera transversal. La comprensión y consiguiente oclusión se produce en la vía aérea, ya sea por el colapso directo laríngeo o por el desplazamiento laríngeo contra la lengua. Para producir la pérdida de consciencia se requiere sostener la presión oclusiva unos minutos. Pese a hacer referencia al antebrazo, puede usarse cualquier elemento como una porra, una barra o similares. Pese a no denotar visibles daños cutáneos, en la autopsia encontraremos daños secuenciales de la compresión directa sobre el sistema cartilaginoso laríngeo (especialmente en edades avanzadas por la calcificación de dichos cartílagos).
  • Carotid Sleeper: En este caso, el antebrazo avanza y se coloca sobre la región cervical lateral, quedando el cuello de la víctima comprendido entre el antebrazo y el brazo (en forma de V). La “pinza” braquio-antebraquial es cerrada mediante la fuerza que se ejerce por el otro brazo del agresor. Las estructuras más afectadas son las vasculares, debido a que tanto el brazo como antebrazo comprimen las regiones laterales cervicales. Por el contrario que la modalidad anterior, la vía aérea no está comprometida y es más infrecuente encontrar lesiones cartilaginosas e hioideas laríngeas. La pérdida de consciencia se presenta en menor tiempo que el caso de Bar Arm Control, pues la presión sobre los vasos arteriales, conduce a dicha pérdida en aproximadamente 10 segundos

En artes marciales es habitual practicar esta defensa, denominada como “mataleón” (Jiu Jitsu brasileño) o “dormilón” (kenpo kárate americano).

 

En la ESTRANGULACIÓN A LAZO, la estructura que comprime la región cervical es un lazo de diverso material que es animado por una fuerza diferente a la del peso corporal (ya que de ese modo hablaremos de ahorcamientos).

Según el estudio matemático referenciado por Khokhlov en 2001, sugiere que el valor de la presión ejercida, actuando en cualquier parte de la ligadura es directamente proporcional a la tensión del lazo e inversamente proporcional al radio de la curvatura y al área de contacto entre el cuello y la ligadura.

 

Esta modalidad, generalmente es de etiología homocida, pero a diferencia de la manual, y, siendo poco frecuente, la etiología suicida es posible y ocasionalmente descrita en la literatura (Calydon 1990), pues al estar el lazo unido a otro elemento o estructura, la presión no cederá con la pérdida de consciencia del individuo.

En el caso de homicidio, todo tipo de material y contextos han sido posibles, aunque tal y como describe Fineschi en 1998, uno de estos tipos tiene personalidad única: el Incaprettamento.

Dicha modalidad, es famosa entre la mafia italiana, donde se asocia una estrangulación a lazo con una ligadura de las extremidades superiores e inferiores a nivel dorsal con el cuerpo depositado en prono.

 

La etiología accidental también es posible, generalmente en niños, al producirse de forma no intencionada con un lazo constrictor alrededor del cuello, como por ejemplo por los cordones de una cortina, o un colgante puesto en un bebé que queda enganchado en alguna estructura de la cuna mientras duerme.

Otra mención especial merece las estrangulaciones debidas a pañuelos, foulards, bufandas o prendas largas que se disponen en el cuello, cuando las mismas se enredan en elementos mecánicos rotatorios animados de una importante fuerza, ejerciendo un efecto constrictor del cuello. Los elementos más habituales en este caso son las bicicletas (Kholi 2005) y maquinaria industrial (Dogan).

En personas de edad avanzada, que presentan demencias a menudo o estados de agitación, se han encontrado estrangulaciones accidentales mediante los sistemas de sujeción que se utilizan para reducir la movilidad de los mismos durante los episodios de inquietud y delirium (Karger 2008). Se han hallado en este tipo de pacientes y en bebés casos descritos por estrangulación con las vías de fluidos intravenosos.

Hablando de bebés, es importante no olvidar la estrangulación intraútero, que puede tener lugar con el cordón umbilical.

En 1791 el Marqués de Sade reportó la utilidad de la autoasfixia como herramienta de incremento de goce sexual. Esta conducta, denominada hipoxiofilia o asfixiofilia, se engloba junto a la anestesiofilia, algofilia y la electrofilia en el concepto más amplio del autoerotismo parafílico.

La última etiología médicolegal referente a este apartado, será el suplicio, donde el popular garrote vil de forma evolucionada consistía en un collar de metal que, por medio de un tornillo, con una bola al final retrocedía produciendo la muerte al reo por la luxación atlo-axoidea en la columna cervical. Si la lesión aplasta el bulbo raquídeo o rompe la cervical con corte medular, se produce un coma cerebral y la muerte es instantánea.

Por último, en cuanto a otros métodos inusuales de estrangulación, encontraremos referencias como la de Hejna en 2006, donde las puertas automáticas atrapan el cuello de la víctima al cerrarse, o las ventanillas automáticas de los coches con los niños, que de manera accidental puede acarrear graves consecuencias.

 

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Patología Forense. Introducción a la Estrangulación: Mecanismos letales.

Como introducción al concepto, hablaremos de la clasificación genérica para las asfixias, entre las cuales podemos encontrar aquellas de carácter mecánico (en las que existe un agente de esta naturaleza que mediante diferentes procesos genera el proceso asfíctico) gracias al cual la disponibilidad del oxígeno y la eliminación de CO2 no es posible por parte de las células. Si la interrupción del flujo aéreo de carácter mecánico se debe a una comprensión del cuello, hablaremos de un grupo subespecial de asfixias mecánicas denominadas cervicales, en las cuales, un agente cualquiera ejerce dicha compresión cervical.

Dentro de las asfixias mecánicas cervicales, encontraremos dos tipos:

  • La ahorcadura
  • La estrangulación

En este escrito centraré la atención en la segunda: La estrangulación. Podemos entender como definición de la misma, a toda aquella comprensión de la región cervical mediante una fuerza externa y activa, nunca pasiva por la tracción debida al propio peso de la víctima (pues en ese caso, hablaremos de ahorcadura).

Según Abder-Rahman, 1999; Canadian Centre for Justice Statistics, 2000; Hougen 1999, la estrangulación homicida representa entre el 10 y el 20% de la totalidad de los homicidios en países como Escocia, Canadá o Japón.

Kominoto 1997; Rogde et al, 2001, establecen que este tipo de mecanismo de agresión refleja usualmente un elevado componente pasional. Las víctimas por norma general son familiares del agresor (alto % en casos de psicopatía), y en el 75% de los casos, hablaremos de víctimas mujeres y niños.

En lo relativo a los motivos de la estrangulación, Rogde et al, 2001, Srivastava et al, 2987, afirman que la violación, la celotipia sexual y rivalidad personal son los más frecuentes alegados.

Resulta muy frecuente encontrar entre los mecanismos de muerte empleados por criminales y depredadores sexuales la estrangulación, incluyendo especialmente aquellos en los que predomina un componente sádico. Estadísticamente hablando, podemos rescatar referencias de Warren et a, 1996, que cifra entre el 59% en asesinos sádicos en serie, y el 67% (referencia de Safarik et al, 2002) en un grupo de criminales sexuales.

En el subgrupo de criminales sexuales con gran componente sádico, la habitual es la estrangulación mediante ligadura (detalle que no se da en criminales sexuales no sádicos, Gratzer et al, 1995). Si nos preguntamos acerca del por qué de este mecanismo, hallaremos la respuesta en la posición relativa entre agresor y víctima (superioridad-dominancia), así como el interés en evitar que la misma pueda gritar, mediante opresión de garganta.

En lo relativo a las víctimas, por norma general son personas con escasa fuerza física en comparación a su agresor. No pueden zafarse en caso de intento de estrangulación. Este mecanismo es usado habitualmente por varones.

De nuevo, desde el punto de vista estadístico, las mujeres con trastorno de personalidad estrangulan prioritariamente a otras mujeres, mientras que la psicóticas tienden a hacerlo con niños (Putkonen, et al 2001). Los varones en cambio, rara vez matan niños mediante este método.

Otro aspecto importante a destacar, son las estrangulaciones accidentales, que, generalmente son incidentes en la población infantil. Este mecanismo de muerte, junto con la sofocación ha generado en EEUU una mortalidad infantil entre 2.8 y 12.5 muertes por cada 100.000 habitantes. Importante destacar, que esta tasa se ha cuadruplicado en las últimas décadas, según la aportación del estudio de Shapiro-Mendoza en 2009.

Centrándonos en los mecanismos letales que pueden generar la muerte mediante comprensiones extrínsecas de la región cervical, hablaremos de tres tipos de compresión:

  • Compresión de la vía aérea-SOFOCACIÓN.
  • Compresión vascular.
  • Estimulación vagal por compresión cervical.

La SOFOCACIÓN o compresión de la vía aérea, puede darse por oclusión de la vía aérea, y, por tanto, la interrupción del flujo aéreo. En estos casos, o bien se produce por el colapso laríngeo o bien se produce por compresión de la faringe contra la base de la lengua, ocluyendo la vía aérea.

Según estudios de Brouardel en 1897, para colapsar una laringe hace falta un peso de 15-20 kg, pero lógicamente, hay que remarcar que depende de la altura a la que se ejerza la presión, ésta tendrá que vencer estructuras más o menos resistentes.

La oclusión a nivel de la membrana tirohioidea se consigue con presiones de tan sólo 5kg (Koops 1983) mientras que en la tráquea la presión debe ascender a los 15 KG (Brouadel 1897).

Si la presión alcanza o supera los 19 Kg (Travis 1975) pueden mostrar fracturas del cricoides (cartílago más inferior de la laringe, entre tiroides y tráquea). Pero, en todas estas cifras, es indispensable tener en cuenta tanto la calidad del cartílago, como el grado de osificación y mineralización.

Estos análisis, sugieren que la oclusión de la vía aérea no es un mecanismo de muerte frecuente en la estrangulación (Di Mario 2003).

La COMPRESIÓN VASCULAR es el mecanismo que deriva de la mayor presión en los vasos sanguíneos y la carótida, en la estructura cervical.

En el primero de los casos (vasos sanguíneos), existirá un impedimento del retorno venoso, originando una congestión generalizada de los vasos cerebrales. En el segundo caso, la carótida, existe una isquemia en territorio cerebral que no puede ser compensado por el aporte sanguíneo mediante el sistema vertebral. En ambos casos la muerte se produce por anoxia cerebral (falta de oxígeno).

La oclusión vascular es un proceso en el que la falta de consciencia no acontece hasta pasados unos segundos (algunos autores lo cifran en 10 seg). El EEG (electroencefalograma) muestra unos patrones de aumento de amplitud similares a los observados en una crisis epiléptica. Este patrón regresa en 20 segundos después de la circulación carotídea, si ésta sobreviene a tiempo. En otros casos, este tipo de compresión es usado con fines autoeróticos, pues estudios de Tournel G en 2001 refieren un incremento en el placer sexual.

Al contrario que en la vía aérea, los vasos son mucho más fácilmente colapsables. Con tan sólo unos 2 kg de presión se pueden ocluir las yugulares (Brouardel 1897), mientras que las carótidas, en función de la dirección con la que se ejerza la fuerza, pueden ser ocluidas con presiones que oscilan entre los 2.5 y 10 Kg (Brouardel 1897, Brikmann 1987).

Para ocluir los vasos menos accesibles o bien para lograr una oclusión vascular cuando el agente compresor no está dirigido adecuadamente, se requieren, presiones superiores. Las arterias vertebrales son colapsadas con presiones oblicuas de 8 a 30 Kg según refieren los estudios de Brouardel 1897, Schwarzacher 1928 y Brikmann 1987.

Cuando la compresión del lazo es horizontal y perpendicular al eje mayor del cuello, se requerirá una presión por encima de los 30 Kg (Brouardel 1897).

No obstante, es muy importante tener en cuenta, como cautela esencial, considerar la gran variedad interindividual debido al desarrollo de la musculatura cervical, así como la superficie donde se aplica tal fuerza.

Por último, la ESTIMULACIÓN VAGAL se da cuando la compresión cervical puede generar una estimulación del seno carotídeo. Esta estimulación de los barorreceptores carotídeos (receptores de presión arterial) determina una relación de estímulo parasimpático con bradicardia y colapso, que además puede provocar una parada cardíaca, e incluso desencadenar arritmias como fibrilación ventricular.

Cuando la muerte sobreviene por estimulación vagal, ésta puede acontecer incluso antes de que aparezcan los fenómenos típicos de la asfixia.

**Para los lectores no especializados, indicar, que la estimulación vagal adquiere su nombre por el nervio vago, que es el décimo de los doce pares craneales (nervios que surgen del cerebro o tronco encefálico), y transmite estímulos nerviosos a la faringe, esófago, laringe, tráquea, bronquios, corazón, estómago, páncreas, hígado y vísceras varias.

Por la localización anatómica del seno carotídeo, es más frecuente que este mecanismo letal se dé en estrangulaciones manuales en la que los dedos penetran más profundamente en la región lateral cervical, estimulado así el seno. No obstante, no es descartable en otros tipos de estrangulaciones.

 

Próxima entrada: Patología Forense. Introducción a la Estrangulación: Tipos de Estrangulación.

 

Dr. Carlos Cuadrado Gómez-Serranillos

Medicina Forense – Madrid

 

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Ayer, 14 de marzo de 2018, se celebró el Seminario sobre Homicidios Múltiples Secuenciales en la Escuela Nacional de Policía de Ávila, organizada por el Máster en Criminología Aplicada e Investigación Policial de la Universidad Católica de Ávila.

Nuestro Presidente y Miembro de la Real Sociedad Médica, el Dr. Carlos Cuadrado fue invitado a dicho evento, al cual asistió desde Guadalajara, donde acudió a un importante juicio sobre Violencia de Género esa misma mañana.

Se expusieron tres ponencias, de mano de D. Antonio Salas Carceller, Magistrado del Tribunal Supremo, D. José Luis Martín Ovejero, Experto en Comunicación no Verbal y abogado, y Doña Paz Velasco de la Fuente, Criminóloga y Abogada.

Sin duda alguna, los tres ponentes presentan una ejemplar carrera profesional, y así lo dejaron constar en sus ponencias. Don José Luis Martín Ovejero, explicó diversos aspectos relacionados con las expresiones corporales (faciales) y su relación con posibles personalidades psicópatas o psicopáticas. Pequeñas pistas y detalles, que pueden advertir una importante patología en ciertos sujetos, que de no ser apreciada, puede acarrear desgracias de diversa índole. Nuestra Asociación utiliza dicho método en según que casos, pero debemos aclarar a los lectores, que el lenguaje corporal, como su propio nombre indica, es un lenguaje, y como tal, hay que saber interpretarlo. No basta con apreciar aspectos aislados, hay que saber “leer” e interpretar el conjunto de ellos para poder llevar a cabo un fin adecuado, especialmente en posibles juicios diagnósticos. Si una persona escribe de manera manual “albaricoque” (por ejemplo) en un folio, en minúsculas, de cada 10 personas, habrá 2 que lo lean a la primera, 5 que les cueste interpretarlo, 4 que les llevará más tiempo aún, y 1 que no logrará descifrarlo, con la interpretación del lenguaje corporal, pasa exactamente igual.

Don Antonio Salas Carceller, nos expuso diferentes puntos de vista y nos contó diferentes anécdotas que por su trayectoria profesional se le quedaron grabadas en su mente, resulta muy enriquecedor para los oyentes, poder oir experiencias explicadas por profesionales que las vivieron en sus propias carnes, por que la esencia de esos hechos, se transmite y permiten ocupar un buen puesto en la memoria de los oyentes. Trasladó los hechos de una pequeña asesina múltiple, de 12 años de edad, que fue envenenando uno a uno a varios de sus hermanos pequeños, simplemente por que no quería cuidar de ellos (posible Síndrome del Cuidador), algo sencillamente espeluznante, pero a la vez fascinante para la criminología.

La ponencia que queremos especialmente destacar, por el trabajo de investigación que conlleva, así como la valentía de la autora, es la de Doña Paz Velasco de la Fuente. ¿Por qué?, Por que hizo una exposición ejemplar sobre diferentes aspectos muy útiles y necesarios para cualquier investigador, tal como diferenciar la psicosis de la psicopatía, y compartir datos de sus investigaciones en los asesinos relevantes, tanto masculinos como femeninos. Es muy habitual ver referencias televisivas sobre asesinos en serie, de masas, en solitario, etc, pero realmente hay muy poca información sobre las asesinas que han marcado la historia criminal en diversos países, y eso es lo que nos acercó la citada criminóloga (por cierto, podéis leer sobre  sus trabajos en su web ).

Nos enseñó, no sólo que “las mujeres también matan” (título de una de sus diapositivas), sino las diferencias entre la forma de hacerlo frente a los hombres. Por ejemplo, estadísticamente hablando, las mujeres adquieren una postura “cosechadora”, mientras que los hombres suelen tener un comportamiento más habituado al “cazador”. Ellas suelen asesinar de una manera silenciosa, a personas de su entorno, de forma discreta, no salen a buscar la víctima, por que habitualmente la víctima las encuentra a ellas, en cambio los hombres, salen, buscan, acechan,…son menos delicados, menos silenciosos (recordemos que estamos hablando de generalidades y estadísticamente hablando en base a las investigaciones realizadas y hablando mayoritariamente de asesinos en serie).

Doña Paz Velasco, expuso entre los diversos grupos, la existencia de “los ángeles de la muerte”, aquellas personas, generalmente mujeres, que ejercen en ámbitos sanitario (enfermeras, cuidadoras, médicos, etc), que tienen la capacidad y la oportunidad para matar a las personas que, realmente deberían cuidar. Si nos adentramos en su blog (click aquí) , podemos ver no sólo el perfil de estas asesinas, sino los motivos que suelen tener para llevar a cabo el crimen.

Con ello, sacamos claro muchos aspectos que no suelen comentarse habitualmente, bien sea por que no se estudia, o por que no se quiere levantar revuelo con una parte de la población sensible a ciertos comentarios. La realidad es que matan tanto hombres como mujeres, e incluso como parejas, y nos merecemos hablar de ello, merecen ser estudiados, y no hay cabida a falsas defensas engendradas en una sobreprotección ilusoria. Es decir, hay blancos/as que matan, hay personas de color que matan, hay mujeres que matan, hay hombres que matan, hay niños o ancianos que matan, todo ser humano puede albergar en su interior una personalidad psicópata o psicopática, y no todos los (y las) psicópatas tienen por qué matar, no por el hecho de ser mujer, o ser de color, hay que justificar una defensa enfocada en que se le está juzgado por su color de piel o por su género.

Cuando se habla de crímenes, quien tiene que hablar son las pruebas, los hechos objetivos, los elementos del crimen y no los juicios de valor, es una realidad que existe, de la que no se habla, y que ayer tuvimos la oportunidad de apreciar de manos de una gran profesional. Muchos crímenes no se resuelven correctamente por que no se estudian como se deberían los hechos objetivos, se confía en testimonios, se cree en juicios de valor, se cree en aspectos de las personas, pero todo ello sin poder objetivarlo con la ciencia, no es más que entorpecer la resolución de los delitos.

Sin ir más lejos, tenemos el reciente y desgraciado caso de Gabriel Cruz, donde los equipos profesionales de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado han realizado una ejemplar actuación, y donde han sabido interpretar las pruebas, los detalles, y sólo han confiado en las personas cuando las pruebas objetivas podían avalar sus palabras. En otras ocasiones, resulta incomprensible que una madre o un padre (o allegados) puedan matar a sus hijos, y por ello, simplemente por ser incomprensible, quedan descartados desde un primer momento como autores, dando lugar a sucesos como el que podría ser otro presunto asesinato, en Burgos, por la misma autora que el caso anterior, donde su hija de 4 años, parece ser que se precipitó por una ventana en extrañas circunstancias…..y se cerró el caso tras catalogarlo como un accidente, pero ahora, tras este suceso….¿Realmente fue así?. Expertos forenses afirman que en dicho expediente consta que el cuerpo de la pequeña apareció a una distancia que no encajaría con la versión de una precipitación accidental…quizá sea tarde para resolverlo, o quizá la ciencia vuelva a aplicarse donde debió en su día, y se descubra lo que hasta la fecha pudo ser “un crimen perfecto”.

 

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Ana Julia Quezada actuó «premeditadamente» y tiene rasgos de «psicópata»

El forense Carlos Cuadrado (Perito Judicial en Medicina Forense de Madrid)analiza el perfil psiquiátrico de Ana Julia Quezada

Ana Julia Quezada, la detenida como supuesta autora del crimen del niño desaparecido en Níjar, Gabriel Cruz, tendría unos rasgos de «psicópata», según el forense Carlos Cuadrado, quien ha explicado que el perfil no sería el de una persona con problemas mentales, sino que tendría «unas capacidades mentales sin alterar».

«Puede ser inteligente en mayor o en menor medida, pero con sus capacidades sin mermar y posiblemente con un plan predeterminado», ha explicado Cuadrado quien ha descartado, gracias a las pistas que se han sacado de la investigación, la posibilidad de que fuera un acto espontáneo o un posible accidente. «Todo lo que ha pasado, da a pensar que hay un plan y una intencionalidad que se ha llevado a cabo», ha insistido.

Además, según el experto, este tipo de personas también tiene un patrón en su forma de actuar después de cometer el delito. Según ha argumentado, es «habitual» que el autor del crimen forme parte activa del caso, como es «ir a los entierros, estar en contacto con la familia e incluso crear una asociación para motivar la búsqueda del desaparecido».

Un perfil «bastante habitual» que puede actuar así por dos motivos: el de la rama científica, en la que se dice que «lo hace para limpiarse esa culpabilidad», o la rama forense, que defiende que lo que intenta el culpable es «tirar balones fuera» al pensar que la Policía y la Guardia Civil «no sospecharía de alguien que está con la familia, está apoyando e incluso haciendo comentarios», como los que ha realizado Ana Julia estos días.

Otro rasgo característico que ha resaltado Cuadrado es que los psicópatas suelen actuar de manera impulsiva, por lo que suelen hacerlo en solitario, o a veces por empatía pueden contactar a través de redes sociales «con un círculo de personas que tengan esta macabra afición». Sin embargo, no ha descartado la posibilidad de actuar con un cómplice porque las fuentes oficiales también barajan dicha opción.

Cuadrado sí ha analizado que la detenida presuntamente colocara de manera intencionada la camiseta de Gabriel en una de las zonas de búsqueda, para hallarla minutos después ella misma, al considerarse «más inteligente que los demás».

Según ha explicado el forense, este acto pudo decidirlo después de que la Guardia Civil descartara al principal sospechoso, el acosador de la madre que demostró tener coartada, y despistar así la investigación para poder seguir son su trama y su papel hasta deshacerse del cuerpo del menor.

Posible móvil del crimen

Aún se desconoce el motivo que llevó a Ana Julia Quezada a matar, supuestamente, a Gabriel, el único hijo de su pareja sentimental. Pero las hipótesis del forense, por el perfil de la mujer, apuntan a que fue un móvil pasional, al considerar al niño un obstáculo entre ella y Ángel Cruz.

«Con este tipo de patología, es habitual que la novia del padre se quiera quitar los obstáculos del medio. Hay gente que los aleja de sus padres, mandándolos por ejemplo a un internado, pero no todo el mundo tiene una mente sana, lo más fácil es quitárselo del medio por la vía por la que ha sucedido», ha aseverado.

Después de plantear esta hipótesis, y de la trayectoria que ha llevado, Cuadrado ha calificado de impredecible saber si la acusada va a confesar el crimen una vez detenida, porque «ha tenido versiones muy peculiares» a lo largo de toda la investigación con «el móvil, el ordenador, la camiseta, salir en los medios apoyando y dando frases de esperanza, etc.»

«Es un poco impredecible, no sabes por dónde van a salir estas personas. Sólo el acto de coger el cadáver y llevarlo en coche a la casa paterna te da que pensar lo que se le está pasando por la cabeza, no es comprensible», ha valorado el forense.

Antes de trasladarlo en el maletero de su coche, Ana Julia fue a una finca de los familiares de Ángel Cruz, donde tenía escondido, en un pozo a Gabriel. Esta decisión, que ha sido clave para su detención, pudo ser provocada por el nerviosismo al sentirse acorralada en el avance de la búsqueda y no saber qué hacer con el cadáver.

Además de analizar su perfil, Cuadrado también ha resaltado la actuación de la Guardia Civil que la detuvo antes de que entrara en el garaje del edificio donde reside con el padre del menor fallecido, ya que «una vez que entra, no se sabe si a lo mejor habría más personas dentro, otros medios, o se deshiciera del cadáver» allí.

Para finalizar, las diferentes pistas sobre su forma de actuar, hacen que el forense se plantee si el padre de Gabriel, pareja actual de Ana Julia, no notó nada raro en ella. Sin embargo, Cuadrado, lo ha descartado porque no tiene por qué ya que depende de «la distancia con la que se mira».

«Cuando en una pareja hay un conflicto, no se da cuenta la persona que está dentro de ella, lo ven los amigos o terceros. En el momento en que un tercero lo ha puesto en duda, es cuando quizá el padre se haya planteado una serie de dudas y que podría estar en un contexto que no era el que ella indicaba», ha puntualizado.

 

Fuente: http://sevilla.abc.es/andalucia/almeria/sevi-gabriel-cruz-julia-quezada-actuo-premeditadamente-y-tiene-rasgos-psicopata-201803121422_noticia.html

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Popularmente, las personas piensan que un médico forense es simplemente aquel que hace autopsias, pero es un gran error. Tanto los médicos forenses como los peritos judiciales, son expertos en investigar las causas que llevan al resultado a analizar.

Muchos son los padres que interesados por nuestro servicio de diagnóstico, contactan con la asociación a fin de recibir soluciones para casos donde los médicos habituales no logran acertar.

En muchas ocasiones, los padres son víctimas de la desinformación que hay en internet, y pese a un tener un diagnóstico correcto, al ver síntomas “raros” o alarmantes, prefieren una segunda opinión.

Para comenzar con esta nueva sección he elegido el Coxsackievirus, o virus de Coxsackie, pues para padres primerizos o profesionales que suelen trabajar con menores, les resulta alarmante la sintomatología que dicho virus presenta.

El Coxackievirus, es un enterovirus (género de virus de ARN monocatenario positivo) es un virus que contiene ácido ribonucléico (ARN) de cadena sencilla y sentido positivo como material genético, el cual, se replica usando ADN intermedio, y permanece al grupo cuarto de la clasificación de Baltimore (Escala que clasifica los virus en función de su genoma).

En estudios serológicos se han identificado más de 60 serotipos (microorganismo infeccioso que se clasifica según los antígenos que presentan en su superficie celular) de enterovirus humanos. Atendiendo a su patogénesis en humanos y animales, se originaron inicialmente en 4 grupos, entre los cuales, se incluyen las variedades A y B del virus de Coxsackie.

Adquiere este nombre por que fue aislado por primare vez en el estado de Nueva York, en la ciudad de Coxsackie, y pertenece a la familia picornaviridae, presentan una cápside carente de envolutura vital y estructuralmente definida por una simetría icosaédrica.

Generan varias enfermedades en humanos, pero hoy de la que quiero hablar es de la famosa “enfermedad” conocida como exantema vírico de boca, pies y manos.

Generalmente es una infección que comienza en la garganta, y en un alto porcentaje de los casos estudiados es causado por el Coxsackievirus A16. Los menores más afectados (rara vez se aprecia en adultos) son aquellos que no exceden de los 10 años, y suele darse en verano y principios de otoño.

La forma de contagio habitual es cuando una persona que haya contraído la infección estornuda, tose, o se suena la nariz cerca del futuro afectado. Pero es posible contagiarse si te tocas los ojos, la nariz o la boca después de haber tocado algo o alguien contaminado con el virus, como pudiera ser un simple juguete, un pomo de la puerta o un columpio del parque.

auge-virus-2Se propaga fácilmente durante la primera semana de evolución, y los síntomas pueden durar de 3 a 7 días. Entre los síntomas habitualmente registrados destacamos la fiebre, el dolor de cabeza, la pérdida de apetito, erupción de ampollas en manos y pies, dolor de garganta e incluso úlceras en boca, lengua, garganta y amígdalas.

El examen físico es simple, por norma general cualquier médico con un simple vistazo a las erupciones de manos y pies sirve para diagnosticar la enfermedad.

Muchos padres o tutores se preocupan pues a veces las ampollas son de aspecto desagradable, contienen líquido o son abundantes; pero desde este blog rogamos tranquilidad en estos casos pues raro es que tenga una mayor complicación.

En lo relativo al tratamiento, no existe un tratamiento específico para la infección, más que el simple alivio de los síntomas. Los antibióticos no funcionan por que la infección es vírica y no bacteriana. Para tratar los síntomas recomiendo paracetamol o ibuprofeno. Personalmente, no recomendaría dar aspirina a niños menores de 18 años por su composición de ácido acetilsalicílico.

Aconsejo además la ingesta de líquido en abundancia (a ser posible lácteos fríos) y rechazo la recomendación de tomar zumos y bebidas con gas ya que pueden ocasionar ardor en las úlceras.

Las complicaciones más habituales serán la pérdida de líquido corporal (deshidratación, por ello recomiendo beber en abundancia) y en caso de fiebres altas, convulsiones febriles. IMPORTANTE: si se originan convulsiones afebriles (sin fiembre) ir inmediatamente al hospital.

Si el menor además refiere dolor en brazos, cuello, piernas, o rigidez en ambos, acudir igualmente a urgencias.

Referencias para la redacción del artículo:

Meyer A. Pediatric infectious disease. In: Flint PW, Haughey BH, Lund V, et al., eds. Cummings Otolaryngology: Head & Neck Surgery. 6th ed. Philadelphia, PA: Elsevier Mosby; 2015:chap 197.

Romero JR, Modlin JF. Coxsackieviruses, echoviruses, and numbered enteroviruses. In: Bennette JE, Dolin R, Blaser MJ, eds. Mandell, Douglas, and Bennett’s Principles and Practice of Infectious Diseases. 8th ed. Philadelphia, PA: Elsevier Saunders; 2015:chap 174.

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Dr Carlos Cuadrado Gómez-Serranillos

Perito Judicial en Medicina Forense – Perito Judicial en Psicología

 

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Hoy en día es muy habitual decir o que nos digan “¡tienes ansiedad, cálmate!”, “te veo ansioso”, “tranquilízate que te va a dar un ataque de ansiedad”, “¡no puedo, estoy ansiosa!” y expresiones similares, normalmente para referirnos a un estado o emoción negativa. Pero, ¿realmente sabemos qué es la ansiedad?, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de ansiedad?

Si consultamos la RAE para ver su definición tenemos:

ANSIEDAD: Del lat. anxiĕtas, -ātis. 1. f. Estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo. 2. f. Med. Angustia que suele acompañar a muchas enfermedades, en particular a ciertas neurosis, y que no permite sosiego a los enfermos.

Sin duda, atendiendo a estas dos acepciones es normal que la Ansiedad se asocie como algo malo y negativo, pero vamos a ahondar un poco más sobre qué es realmente la Ansiedad.

La Ansiedad no es tanto un estado como una respuesta adaptativa que nos hace estar alerta y prepararnos frente a estímulos que pueden ser externos o internos, tales como pensamientos, ideas, imágenes, etc., y que son percibidos por nosotros como amenazantes y/o peligrosos.

En este punto es interesante pararse en dos aspectos, el primero y de gran importancia sería el que la ansiedad es una respuesta adaptativa y, como tal, es muy útil y necesaria para nuestra vida diaria. Adaptativa porque, ya desde los inicios de los tiempos, la ansiedad era básica para nuestra supervivencia ya que nos mantenía alerta de los peligros a los que estábamos expuestos frente a posibles depredadores, amenazas y/o situaciones que directamente nos hacían elegir entre la vida y la muerte. Sin duda, gracias a nuestras repuestas ansiosas, normalmente basadas en la huida o en el ataque, hemos podido salir airosos de más de una situación determinante y llegar a nuestros días.

El segundo aspecto clave de la Ansiedad es el referente a la percepción que tenemos nosotros de los estímulos para considerarlos amenazantes. En este sentido, es importante subrayar que la percepción es algo muy subjetivo que está directamente ligado con lo que cada uno ve, interpreta y siente con respecto a algo. De esta forma, es sencillo deducir que no todos los estímulos que nos pueden suscitar una respuesta ansiosa son realmente peligrosos o amenazantes para nuestra integridad física. Esos estímulos, como la vida misma, está bañada por nuestra propia visión del mundo y nuestra forma de interpretar y dar significado a las cosas, por lo que aquello que a alguien le puede resultar altamente peligroso, mostrándose en consecuencia ansioso, puede ser un estímulo neutro para otra persona y apenas suscitarle reacción alguna. Por ejemplo, si vamos caminando por el campo y en un lado del camino vemos una serpiente, podemos directamente mostrarnos alterados, nerviosos y actuar de forma precipitada, quizá huyendo despavoridos sin mirar atrás; pero quizá nuestra compañía, que se encuentra en la misma situación, en el mismo camino y ve el mismo animal, puede mantenerse calmado, sin apenas alterarse y sólo sentirse sorprendido de nuestra respuesta inmediata de huida. Bien sea una serpiente o una simple culebra, para ambas personas el estímulo ha sido el mismo y la única diferencia es cómo, cada uno de ellos, lo ha visto, lo ha interpretado y el significado que le ha dado (la primera persona como una terrible amenaza que hacía peligrar su vida; y la segunda como un habitante más del entorno rural en el que se encuentra).

La Ansiedad, como reacción emocional que es, tiene tres componentes importantes, el cognitivo (lo que recibimos a través de nuestros sentidos y que nos da información sobre los estímulos de nuestro alrededor), el fisiológico (todas aquellas respuestas corporales que se activan frente a dichos estímulos, como la sudoración, el incremento del ritmo cardíaco, el incremento del calor corporal, el rubor facial, la respiración entrecortada, etc.) y el conductual (el cómo actuamos frente al estímulo, que con la ansiedad suele resumirse en dos: enfrentamiento-lucha o escape-huida). Estos tres componentes de la Ansiedad están tan intrincados que podríamos decir que actúan como un todo, no estando muy claro aún cuál actúa primero y activa al resto.

El factor del modelado, es decir, el aprender por observar y copiar a otros, tiene un fuerte peso, especialmente en los primeros meses y años de nuestra vida, cuando nuestra falta de experiencia la compensamos con la experiencia de quienes tenemos a nuestro alrededor y que nos sirven de referentes para aprender y prepararnos para la vida. Así pues, puede que el temor a los perros que pueda tener una niña de 3-4 años no se deba a haber vivido una experiencia traumática con anterioridad, sino al hecho de haber tenido como referente un adulto que, ante la presencia de un cánido actúa siempre con temor, nerviosismo y conductas evitativas.

Sin embargo, por ser una respuesta que tenga un origen aprendido, a través del modelado o a través de nuestra propia experiencia vivida, y que actúa de forma involuntaria desencadenando conductas a veces desproporcionadas, no significa que ya estemos bajo su control y no podamos hacer nada al respecto.

La Ansiedad depende mucho de nuestra propia percepción y a veces ésta nos puede llevar a sentir que algo que podría estar dentro de la normalidad se convierta en un auténtico problema, generándonos miedo, pánico e incluso bloquearnos. En el ejemplo de la serpiente, está claro que para la persona que sale corriendo ese estímulo, por su percepción y las cogniciones que tiene asociadas, etiqueta la situación como altamente peligrosa, casi de peligro de muerte, así que su reacción inmediata es la huida despavorida.

La Ansiedad ha de servirnos como ayuda para estar alerta y reaccionar frente a los estímulos de nuestro entorno, pero siempre siendo nosotros quienes dominemos la situación y tomemos las decisiones oportunas, no al revés. De esta forma, no podemos dejarnos llevar y escudarnos en el hecho de que, al ser una respuesta inmediata e inconsciente, no la podemos controlar y, por ello, “es que somos así”.

Es importante tomar conciencia de que somos nosotros quienes llevamos el control de nosotros mismos y de nuestras emociones, y es preciso subrayar el hecho de que, con entrenamiento y constancia, podemos llegar a dominar nuestras reacciones y decidir cómo queremos vivir, libres para actuar según nuestro criterio y voluntad, o presos de nosotros mismos y limitados por estímulos que, bien internos o externos, no nos permiten decidir cómo queremos ser.

La relajación, el control respiratorio, la distracción, la exposición, la imaginación positiva… son muchas las técnicas que, con demostrada eficacia, nos permiten tomar el control de nosotros mismos y dominar aquellas situaciones en las que la ansiedad nos desborda. Se calcula que entre un 15% y un 20% de la población padece o padecerá problemas relacionados con la ansiedad y se sabe que la mejora espontánea (sin tratamiento) es altamente improbable, así que depende de ti el que esta emoción sea una ayuda o una limitación para tu vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

Patricia Díaz Carracedo

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“La Ballena Azul”, un “juego” que se originó en Rusia, que se viraliza entre los más jóvenes a través de las redes sociales y que tiene, como fin último, el suicidio; “Por 13 razones”, una serie estadounidense ambientada en un instituto de una pequeña ciudad y donde todo gira alrededor del suicidio de una adolescente y de las razones que le llevaron a quitarse la vida; o noticias que vemos casi a diario de niños de muy corta edad que se quitan la vida, como el caso que hace tan solo unos días inundó los medios de Gabriel Taye, un niño de 8 años que, tras ser golpeado en su escuela y permanecer inconsciente en el suelo de un baño durante varios minutos sin que nadie le auxiliase, acaba suicidándose dos días después en su casa (Ohio, EEUU).

Parece que cuando hablamos del suicidio en niños y adolescentes lo hacemos tratando de tomar la distancia, como si sólo ocurriese en películas o series de ciencia ficción o más allá de nuestras fronteras, pero es cierto que es una realidad dura y presente en nuestra sociedad.

El suicidio es la tercera causa de muerte entre los niños y adolescentes españoles y se estima que cada año se quitan la vida en torno a 100 jóvenes en España (con un ratio aproximado de 60 niños y 40 niñas), siendo el ahogamiento, ahorcamiento y la sofocación como los métodos más utilizados (41%), siendo el lanzamiento al vacío otro método muy utilizado (31%). Pero no sólo éso, sino que el 72% de los niños y adolescentes de entre 7 y 17 años tienen ideas de suicidio.

Pese a lo alarmante de las cifras, hay que señalar que el estigma social y el miedo al efecto imitación han provocado que hablar de suicidio se haya convertido casi en un tabú.

Si queremos buscar factores de riesgo podemos considerar multitud de estudios que apuntan, entre otros, a padecer una enfermedad crónica dolorosa, un trastorno psicológico que no necesariamente ha sido diagnosticado, una tentativa previa de suicidio y variables concretas de personalidad, como tener un carácter impulsivo con falta de control de las emociones unido a una alta carga de estrés emocional. Pero no podemos dejar de destacar otra de las causas en auge durante los últimos años, el bullying. En este sentido, señalar que se estima que en la UE 7 de cada 10 padecen alguna forma de acoso o intimidación, de tipo verbal, físico o a través de las nuevas tecnologías de la comunicación.

Es importante tener en cuenta que muchos de estos factores conllevan como problema de fondo una depresión. De hecho, se sabe que más de la mitad de los adolescentes suicidas padecían un trastorno depresivo. De esta forma, es fundamental permanecer atentos a nuestros niños y adolescentes, sus conductas observables, su comportamiento tanto dentro como fuera de casa, su estado anímico y aquellos hechos o situaciones vitales que puedan provocar algún tipo de cambio en ellos. El suicidio suele asociarse a una valoración positiva de la muerte, como algo liberador y, a la vez, como algo reversible, es decir, que no es definitivo, que se puede deshacer.

Si bien es cierto que la depresión y el suicidio no son sinónimos, se sabe que este trastorno es el principal factor de riesgo en la población infantil. En la población infantil la depresión puede cursar con síntomas y expresiones muy diferentes a las que conocemos o consideramos más habituales en el adulto. Así pues, en la población infantil es más frecuente la irritabilidad y el enfado más que la tristeza (explosiones de genio ante sucesos triviales, insultos, peleas o incluso abatimiento por nimiedades). Por otro lado, es más habitual en niños y adolescentes el tener poco apetito y problemas para dormir, así como mayor agitación en lugar de enlentecimiento en sus movimientos y actividad física.

La depresión infantil es de 2 a 3 veces más frecuente en hijos de padres con trastornos depresivos, no obstante, como ya mencionamos anteriormente, son muchas otras las causas que también pueden causar trastornos depresivos y que vienen asociados con factores externos.

Por otro lado, es preciso romper ciertos mitos que envuelven al suicidio infantil y que, inevitablemente, dificultan su comprensión, detección y posible prevención:

  • Sí, el suicidio se puede prevenir, no es una acción que esté genéticamente determinada.
  • No es cierto que el que lo anuncia con frecuencia nunca lo hará, al contrario, 1 de cada 3 suicidios consumados se habían avisado previamente mediante intentos o verbalmente.
  • No es cierto que la decisión sea irrevoable, de hecho, tienen sentimientos ambivalentes, dando pistas para ser salvados.
  • Las ideas de suicido son transitorias y con frecuencia suelen sentir arrepentimiento antes este tipo de deseos.
  • Especialmente en población adolescente el consumo de alcohol y de drogas son factores de riesgo para la depresión y, consecuentemente, para el suicidio.
  • El joven que se suicida o que tiene deseos de suicidio no tiene que tener, necesariamente, un trastorno mental grave, de hecho, suceden suicidios impulsivos en población sin trastornos mentales.
  • Por último, y como punto clave, subrayar que hablar del suicidio no induce a llevarlo a cabo, sino que, al contrario, es conveniente hablar del tema, ya que el hablarlo en un entorno de confianza suele aliviar el malestar que se pueda estar viviendo en ese momento.

A la luz de los datos aquí expuestos, no cabe duda que la depresión y el suicidio en la población infantil son asuntos de suficiente gravedad y calado en nuestra sociedad como para dedicarle el máximo de nuestra atención, no sólo para detectarlos y tratarlos, sino también para prevenirlos. De esta forma, ante aquellos síntomas y signos que podamos apreciar como peculiares en nuestros niños, tanto por parte de los padres/tutores como de los profesores, es clave preguntarse si son normales, si responden a una época o momento vital puntual o si su duración se está alargando, si están limitando su desarrollo y actividad habitual y si están afectando a su comunicación y sus relaciones más próximas. En este sentido, se hace fundamental el plantearse solicitar el asesoramiento y opinión de un experto de cara a considerar la mejor vía de actuación, siendo la psicoterapia infantil y la terapia familiar las más utilizadas y las que mayores índices de efectividad a corto, medio y largo plazo obtienen, pues inciden no sólo en el niño sino también en su familia, lo que permite reorganizar aquellas estructuras y sistemas que rodean al menor para ofrecerle una seguridad y confianza en su entorno que le permitan afrontar su vida con nuevos y mejores recursos.

Bibliografía

“El suicidio en jóvenes en España: cifras y posibles causas. Análisis de los últimos datos disponibles”. Clínica y Salud (Volume 28, Issue 1, March 2017, Pages 25–31).

“Tratamientos de los Trastornos Depresivos y de la Ansiedad en Niños y Adolescentes”. Mª Paz García. Editorial Pirámide.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Patricia Díaz (Psicoterapeuta individual y familiar – Psicóloga Forense)

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En los últimos años venimos oyendo que se está dando un fuerte incremento de violencia filio parental en los hogares españoles, afirmando algunas fuentes que entre el 7-10% de las familias españolas sufren este tipo de violencia. No obstante, ¿se trata realmente de una tendencia ascendente en esta última época o es una problemática que existe desde siempre? Las redes sociales y el acceso a todo tipo de fuentes de información nos permite conocer noticias procedentes de cualquier parte del mundo con una inmediatez nunca vista, y titulares como estos: “Detenido un joven por agredir, encerrar y rociar con spray antimosquitos a su abuela” (Noticias Cuatro), “Una madre denuncia a su hijo de 23 años por insultarla y maltratarla durante años” (El Mundo) o “Un menor intenta matar a sus padres para quedarse su dinero” (El País) pueden hacernos pensar que, en efecto, estamos viviendo una crisis en la crianza y educación de nuestros hijos.

Pero lo cierto es que esta problemática intrafamiliar ha existido y existe desde siempre. El sentimiento de vergüenza o fracaso por parte de los progenitores es lo que, en la mayor parte de los casos, hace que no se denuncien estas situaciones y se intenten mantener ocultas, tratando de sobrellevarlas en la intimidad del hogar. Por otro lado, la negación por parte de la familia de la situación de violencia en el hogar es un factor muy relevante para explicar el mantenimiento de la conducta violenta. En este sentido, a través de numerosos estudios se ha comprobado que los progenitores suelen permitir y tolerar altos niveles de violencia por parte de sus hijos antes de tomar medidas que impliquen sacar a la luz este problema e implicar a terceros para buscar una solución. Precisamente es este entorno de negación y encubrimiento, de mantener escondida una violencia intrafamiliar que afecta a todos los miembros de la familia y que, lejos de ser circunstancial y desaparecer con el tiempo, se consolida. Este hecho es lo que hace que, una vez que se denuncia y se busca ayuda a los servicios jurídicos y sociales, el nivel de gravedad de la situación es tal que se vuelve muy compleja la intervención psicológica del menor y de la familia.

Pero, ¿a qué nos referimos concretamente cuando hablamos de Violencia Filio Parental? En 2006 se introduce el término “Violencia Filio Parental” para describir las conductas reiteradas de violencia física, psicológica (verbal o no verbal) o económica, dirigida a los progenitores o a aquellos adultos que ocupan su lugar (SEVIFIP).

Un aspecto importante a tener en cuenta en este tipo de violencia es que el poder, el control y el dominio de la situación es el principal objetivo, no tratándose puramente de la intención de causar daño, sino que el hijo quiere conseguir lo que quiere sin tener en cuenta la figura de autoridad de sus progenitores, rompiendo con ello la dinámica de convivencia familiar (Aroca y Bellver, 2013).

Si tratamos de buscar características que definan el perfil del menor agresor podemos resaltar algunos aspectos como las dificultades de aprendizaje y/o adaptación escolar que presentan; personalidades dependientes con baja autoestima y falta de empatía, además de con altos niveles de agresividad (Ibabe, Jaureguiza y Díaz, 2007). Por otro lado, se puede destacar una alta frustración (especialmente causada por sus escasas habilidades para conseguir sus objetivos) y baja tolerancia para soportar esta sensación. Antes de continuar es preciso incidir en que ninguna de estas características es determinante ni excluyente. En cuanto al género, si bien es cierto que se aprecia mayor incidencia en menores varones, es cierto también que se dan mayores tasas de violencia psicológica y emocional en el género femenino (Ibabe y Jauregquiza, 2011).

Por otro lado, si dirigimos nuestra atención a las familias, tratando de buscar causas o factores clave, debemos señalar que el nivel socio-económico no es determinante (incluso detectándose una fuerte prevalencia en familias de altos recursos y con estudios universitarios los progenitores). En cuanto a los estilos educativos predominantes, parecen destacarse como variables relevantes la dificultad para establecer los límites y la sobreprotección hacia los menores, entre otros. Sumado a esto, es importante señalar, como afirman diferentes autores, que los hijos llevan a cabo conductas aprendidas en el entorno familiar o social más inmediato: El 80% de los menores que había sufrido u observado experiencias de violencia intra-familiar tenía alguna denuncia por agredir a sus padres (Ibabe, Jaureguiza y Díaz, 2007).

Pero no nos podemos detener únicamente en el análisis del entorno familiar, pues el grupo de iguales también es una variable con fuerte peso en la aparición de conductas violentas de los hijos hacia sus progenitores. Hay estudios que determinan una marcada relación entre adolescentes que han sufrido agresiones por parte de su grupo de iguales y que, para compensar los sentimientos negativos que esto les produce, reaccionan de forma violenta en el entorno familiar (Cottrell y Monk, 2004).

Si queremos seguir buscando “culpables” de este tipo de conductas podemos pensar en la existencia de trastornos psicológicos o emocionales, no obstante, hay que decir que estudios realizados desde este enfoque tampoco han sido concluyentes, ya que es difícil dirimir si los trastornos psicológicos mayormente vinculados a este tipo de problemática (la ansiedad y la depresión serían los componentes esenciales de estos trastornos) son previos y, por lo tanto, la causa o motores de la violencia filio parental o si, por el contrario, son manifestaciones de la conducta directamente relacionadas con el entorno y la relación intrafamiliar instaurada por otras muchas variables determinantes.

Así pues, y tras una somera revisión de factores, variables y características tanto de los menores agresores como de sus progenitores y entornos sociales, podemos decir que no hay una única causa ni un único motivo por el que la violencia filio parental emerja y se instaure en un hogar, generando, las más de las veces, un profundo deterioro en el núcleo familiar.

En el momento que se denuncia un caso de violencia filio parental se ponen en marcha una serie de dispositivos y protocolos que buscan no sólo el frenar esa situación, sino el establecer medidas correctivas para evitar su reaparición. Pero como paso previo al proceso judicial se lleva a cabo la mediación familiar, método alternativo dirigido por profesionales psicólogos expertos que, a través de diferentes estrategias que promueven un entorno abierto a la comunicación y el entendimiento entre las partes, buscan el establecimiento de compromisos y con ello la resolución del conflicto. Lamentablemente, muchas veces la gravedad de la situación intrafamiliar cuando interponen la denuncia es tal, que la mediación ya no es posible y, en estos casos se lleva a cabo el juicio, siendo la medida más solicitada la de libertad vigilada, que suele incluir la obligación de residir en un lugar distinto al domicilio familiar.

A modo de conclusión, atendiendo a todo lo arriba expuesto, podemos afirmar que más allá de las características personales de menores y progenitores, al margen de las variables ambientales, los estilos educativos o las situaciones socio-económicas de las familias, es fundamental el tomar conciencia de la situación y reaccionar de manera inmediata en el momento que se perciba alguna actitud o conducta agresiva en el menor. Una detección temprana y una intervención terapéutica a tiempo se convierten en los aspectos clave para evitar que casos de violencia filio parental se establezcan, consoliden y acaben en los juzgados.

 

Patricia Díaz Carracedo

Psicóloga – Perito Judicial en Psicología Forense

Experta en Psicoterapia Familiar y Mediación

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Hoy en día continuamente escuchamos términos anglosajones como “bullying”, “mobbing” o “bossing” en los medios y redes sociales, en el centro educativo al que asisten nuestros hijos, en el trabajo, e incluso son términos utilizados en conversaciones dentro de nuestra propia familia pero ¿los utilizamos correctamente? Es habitual, cada vez más, que utilizando estos conceptos para referirnos a “situaciones normales” con comentarios del tipo: “me estás haciendo bullying” para referirnos a situaciones en las que un amigo no nos deja tranquilos o “eres un bipolar” para hablar de aquellas personas que tienen cierta labilidad emocional o cambios de humor frecuentes, estamos contribuyendo a considerar algo que es normal como patológico, es decir, estamos utilizando la misma nomenclatura para dos aspectos muy diferentes: una situación normal y un problema psicológico real. En este sentido, el propósito de esta entrada es dar a conocer este tipo de conceptos, en especial el concepto de mobbing, para que se utilice con propiedad y para evitar que, su uso indiscriminado, acabe con la seriedad que este problema realmente supone para las víctimas que lo sufren.
¿Qué es el mobbing?
Desde la literatura científica se hace referencia al concepto de mobbing a ciertas situaciones de hostigamiento psicológico que tienen lugar en el contexto laboral y que se manifiestan de muy variada forma a través de distintos tipos de conflictos interpersonales (González-Trijueque, 2007b). Heinz Leymann (1990) fue el primero en acuñar el término mobbing, del verbo “to mob”, acosar o asaltar, siendo también el primer autor en un sugerir una definición operativa para el mismo concepto (Leymann, 1996): “el encadenamiento a lo largo de un periodo de tiempo bastante corto de intentos o intenciones hostiles consumadas, expresadas o manifestadas por una o varias personas hacia una tercera, el objetivo. Mediante una comunicación hostil y sin ética, que es dirigida de modo sistemático por uno (o varios) individuos contra otro, que debido a esta situación le coloca en una posición de indefensión y desvalimiento, y es activamente mantenido en ella. Este hecho debe ocurrir de forma frecuente (al menos una vez a la semana) y durante un cierto tiempo (al menos seis meses de duración)”.
El acoso laboral está dándose a conocer cada vez más debido a la elevada incidencia, según una encuesta de la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y Trabajo publicada por La Organización Internacional del Trabajo (OIT) en 2000, trece millones de trabajadores europeos habían sufrido acoso laboral con lo que una de cada cuatro personas estaría afectada. Así, aunque los episodios de mobbing todavía no se han estudiado convenientemente, no podemos minimizar su importancia pues se trata una psicopatología emergente, lo cual no quiere decir que las víctimas estén desamparadas ante la Justicia ante este tipo de comportamientos (Escudero y Poyatos, 2004), sino que está empezando a ser reconocida por los tribunales bajo diferentes aspectos, según se encaucen los daños en la Jurisdicción Social (despidos improcedentes, consideración de accidente de trabajo, recisión de contrato, etc.), en la Civil o incluso en la Penal.
¿Qué comportamientos o acciones nos pueden alertar de una posible situación de mobbing?
– Acciones contra la reputación o dignidad personal del afectado. Utilizando comentarios injuriosos hacia su persona, ridiculizándole o riéndose públicamente de él, de su aspecto físico, de sus convicciones personales y/o religiosas, etc.
– Acciones contra el ejercicio de su trabajo. Encomendándole trabajo en exceso o difícil de realizar, monótono y repetitivo, incluso trabajos para los que la víctima no está cualificada o que requieren una cualificación menor de la poseída por la misma (shunting). También es común privar al afectado de la realización de cualquier tipo de trabajo enfrentándole a una situación de conflicto o ambigüedad de rol (la persona deja de verle sentido a su trabajo porque no desempeña unas funciones fijas).
– Manipulación de la comunicación o de la información con la persona afectada no informándole sobre distintos aspectos relacionados con el trabajo como funciones, responsabilidades, cantidad y calidad del trabajo que ha de realizar, etc. Así, es común el uso hostil de la comunicación tanto explícitamente (mediante amenazas o críticas) como implícitamente (no dirigiéndole la palabra, sin tener en cuenta sus opiniones ignorando su presencia) y el uso selectivo de la comunicación (para reprender o amonestar y nunca para felicitar).
– Situaciones de inequidad entre la víctima y el resto de trabajadores mediante el establecimiento de diferencias de trato, distribución no equitativa del trabajo o desigualdades remunerativas.
¿Cuántos tipos de mobbing existen?
En cuanto a las tipologías de acoso laboral, según la literatura científica existen fundamentalmente cuatro tipos (González-Trijueque, 2007a; 2007b):
– Acoso vertical descendente o bossing. Se genera desde una posición superior, así el superior se vale de manera abusiva, desmesurada y perversa de su poder (Piñuel, 2001). Se trata de un claro abuso de poder ante el cual el trabajador teme reaccionar por miedo a perder su empleo, siendo las consecuencias para la salud del trabajador más graves que en otros tipos de acoso, ya que la víctima tiende a estar más aislada (Hirigoyen, 2001).
– Acoso horizontal. Una forma de acoso muy habitual y acontece entre posiciones jerárquicas iguales o similares. El ataque puede producirse por problemas personales o bien porque alguno de los miembros del grupo no acepta las pautas de funcionamiento aceptadas por el resto. Otra circunstancia que da lugar a este comportamiento es la existencia de personas física o psíquicamente débiles o distintas cuyas diferencias son explotadas por los demás para pasar el rato o mitigar el aburrimiento, siendo también frecuente cuando dos asalariados rivalizan por un puesto (Hirigoyen, 2001). Según Leymann (1996), el proceso de este tipo de acoso seguiría el siguiente orden:
o Un grupo de trabajadores intenta forzar a otro reticente a conformarse a las normas implícitas fijadas por la mayoría.
o Enemistad personal.
o Un grupo de trabajadores la toma con un compañero debido a la mera falta de trabajo o aburrimiento.
o Se desencadena el acoso por la discriminación hacia la víctima por alguna diferencia.
– Acoso mixto (vertical descendente y horizontal). Es inusual que el acoso horizontal persista como tal, de modo que resulta habitual que en algún momento se convierta en vertical descendente porque los superiores no hacen nada al respecto y permiten que continúe la situación de acoso (Escudero y Poyatos, 2004).
– Acoso vertical ascendente. Aunque resulte menos habitual, los superiores también pueden ser víctimas de acoso laboral. Generalmente se produce cuando se incorpora a la empresa una persona del exterior con un rango jerárquico superior y sus métodos no son aceptados por los trabajadores que se encuentran bajo su dirección, o porque este puesto es ansiado por alguno de ellos (Escudero y Poyatos, 2004).
¿Qué consecuencias tiene?
Para el trabajador afectado.
A nivel psíquico la sintomatología puede ser muy diversa. El eje principal de las consecuencias que sufre el sujeto afectado es la ansiedad (presencia de miedo acentuado y continuo, e un sentimiento de amenaza). Aunque también pueden aparecer sentimientos de impotencia, frustración, baja autoestima o apatía. Es común que, pare reducir la ansiedad, la víctima adopte comportamientos como el consumo de sustancias. En este sentido, la excesiva duración o magnitud de la situación de mobbing puede dar lugar a patologías más graves o agravar problemas preexistentes: cuadros depresivos graves, aparición de rasgos patológicos de personalidad o incluso ideación suicida.
A nivel físico, podemos encontrarnos con diversas manifestaciones de patología psicosomática: desde dolores y trastornos funcionales hasta trastornos orgánicos.
Por último, a nivel social, es posible que estos individuos lleguen a ser muy susceptibles e hipersensibles a la crítica, con actitudes de desconfianza y con conductas de aislamiento, evitación, retraimiento o, por otra parte, de agresividad u hostilidad y con otras manifestaciones de inadaptación social. Son comunes sentimientos de ira y rencor, y deseos de venganza contra el/los agresor/es.
Para el núcleo familiar de la víctima.
El entorno social del trabajador afectado padecerá las consecuencias de tener una persona cercana desmotivada, sin expectativas ni ganas de trabajar y que padecerá, posiblemente, algún tipo de trastorno psiquiátrico, ya que el daño que el mobbing inflige a la víctima transciende a su esfera individual y produce una serie de daños colaterales de enorme magnitud (Piñuel, 2001).
Para la organización laboral.
Podemos decir que el mobbing afecta a las organizaciones laborales de la misma manera que un virus afecta a un ordenador. El hecho de tener trabajadores con este tipo de problemas afecta al desarrollo del trabajo e interfiere en las relaciones que los trabajadores deben establecer para la ejecución de sus funciones. Así, se producirá una disminución de la cantidad y calidad del trabajo desarrollado por la persona afectada, el entorpecimiento o la imposibilidad del trabajo en grupo así como problemas en los circuitos de información y comunicación. En este sentido, se producirá un aumento del absentismo de la persona afectada. En cuanto al clima social, distintos conceptos como la cohesión, la colaboración, la cooperación y la calidad de las relaciones interpersonales es muy posible que se vean afectados ante la existencia de mobbing.
Para la comunidad.
No debemos menospreciar las consecuencias que se producen a nivel económico debido a la pérdida de la fuerza de trabajo, coste de asistencias a enfermedades, costes de las pensiones de invalidez, etc. La OIT estimó en 2001 un coste económico para España ocasionado por el acoso laboral de más de veinticuatro millones de euros anuales (Borrás, 2002), siendo los costes cada vez más importantes.
El problema del acoso laboral en España es que se trata de una realidad que se está empezando a descubrir en los últimos años, de ahí que le denominemos patología emergente. Debido a ello, no existen numerosos estudios o datos estadísticos del mobbing que sufren múltiples profesionales en diferentes Instituciones. Uno de los motivos de esta realidad tapada es que a las propias Instituciones no les interesa que se hagan públicos estos casos y los profesionales, en muchas ocasiones, sienten vergüenza o tienen miedo de perder su puesto de trabajo.
Por este motivo, y porque consideramos que se ha de dar a conocer la importancia de este concepto, los profesionales de la Asociación Profesional Colegial de Criminólogos de España, ASPROCRIME, hemos elaborado un protocolo de actuación desde la psicología forense, con el objetivo de detectar posibles casos de acoso laboral psicológico, así como de intervenir con aquellas víctimas implicadas en un proceso de mobbing.

 

 

 

 

 

 

 

 

Ainhoa Mayoral Jaramillo

Psicóloga Forense – Perito Judicial en Psicología

 

Bibliografía.
Borrás, L (2002). El mobbing o acoso laboral en el trabajo. Psicopatología clínica, legal y forense, vol. 2 nº 2, 113-120.
Escudero, J.F. y Poyatos, G. (2004). Mobbing: análisis multidisciplinar y estrategia legal. Barcelona: Bosch.
Gonzalez-Trijueque, D. (2007a). El acoso psicológico en el lugar de trabajo: epidemiología, características psicosociales y repercusiones forenses. Tesis doctoral. Dir. Prof. José Luis Graña Gómez. Facultad de psicología. Universidad Complutense de Madrid.
Gonzalez-Trijueque, D. (2007b). El acoso psicológico en el lugar de trabajo. Una aproximación desde la psicología forense. Psicopatología Clínica, Legal y Forense, Vol. 7, 41-62.
Hirigoyen, M.F (2001). El acoso moral en el trabajo.Barcelona: Paídos.
Leyman, H. (1996). The content and development of mobbing at work. European Journal of Work and Organizational Psychology, 5 (2), 251-275.
Martínez León M, Irurtia Muñiz MJ, Camino Martínez León C, Torres Martín H, Queipo Burón, D. El acoso psicológico en el trabajo o mobbing: patología emergente. Gaceta Internacional de Ciencias Forenses, nº3, abril-junio, 2012.
Piñuel, I. (2001). Cómo sobrevivir al acoso psicológico en el trabajo. Santander: Sal Térrae.

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Recientemente conocíamos a través de los medios la noticia de que una mujer iba a juicio por provocarse lesiones para denunciar falsamente a su pareja. Noticias de este tipo nos hacen pensar acerca de las denuncias falsas: quién las pone, por qué, qué volumen se pueden llegar a presentar a lo largo de un año, qué motivaciones les pueden llevar a ponerlas y, muy especialmente, cómo se puede confirmar que, en efecto, son denuncias falsas y no un caso más de violencia de género, malos tratos o abusos sexuales.

El tema de las denuncias falsas es algo controvertido ya que suelen estar asociadas con casos de gran impacto psicológico, emocional y social que afectan no sólo a la víctima y al denunciado (hablamos en masculino por ser la gran mayoría de los casos los hombres los que son denunciados por estas causas), sino a todo el entorno que los rodea y que, de una forma u otra, conocen y están involucrados en la situación. Asimismo, son muchas las variables intervinientes y que inciden directamente en dichas causas y que hacen más complejo, si cabe, el analizar, evaluar, valorar y constatar la fundamentación y veracidad de los hechos.

Si no tenemos todo esto en cuenta y no actuamos con el máximo de cautela, podemos correr el riesgo de generalizar una tendencia o conducta particular a todo un colectivo, es decir, que noticias de este tipo nos hagan dudar de otros muchos casos y denuncias interpuestas en similares circunstancias, poniendo en tela de juicio su credibilidad y siendo más críticos y exigentes en cuanto a su fundamentación y veracidad.

En este sentido, si nos centramos en datos contrastados, señalar como ejemplo que La Memoria Anual de la Fiscalía General del Estado revela que entre las 913.118 denuncias por violencia de género que se presentaron en España entre los años 2009 y 2015, sólo constan 164 casos en los que se determinó que se trataban de acusación y denuncia falsa. Se trata sólo del 0,0079 % de las denuncias interpuestas. De esta forma, no podemos aferrarnos a una percepción o impresión personal de que la mayoría de las denuncias son falsas, sino todo lo contrario, pues comprobamos que el porcentaje de denuncias falsas, en este caso concreto relativas a violencia de género, es casi residual. Asimismo, este dato refuerza la necesidad de responder rápido ante una denuncia y activar inmediatamente el protocolo de actuación correspondiente para garantizar la seguridad, protección y apoyo psico-social de la víctima a lo largo de todo el proceso.

No obstante, tampoco podemos ignorar ese número de denuncias que, aunque muy bajo dentro del cómputo total, han supuesto señalar como culpable de malos tratos o abusos a personas que, en ese caso realmente se convirtieron en las víctimas. Así pues, por pequeña que sea la cifra y alta la preocupación y alerta que debemos mantener siempre en este tipo de denuncias, no debemos bajar la guardia a la hora de analizar, evaluar y valorar cada caso particular para asegurarnos que todos los protocolos y dispositivos diseñados específicamente para garantizar la seguridad y protección de las víctimas no sean convertidos en armas de doble filo y usados para lograr ganancias secundarias.

De esta forma, más que nunca, se vuelve de vital importancia la valiosa labor que llevan a cabo los peritos judiciales y psicólogos forenses que estudian cada caso con el máximo de detalle y profesionalidad proveyendo a los magistrados una herramienta única para dictaminar la veracidad de este tipo de denuncias.

Credibilidad del testimonio, valoración de las secuelas psicológicas, estado psicológico actual, evaluación del abuso/maltrato, idoneidad para la guarda y custodia… son muchos los objetos periciales que se le requieren al psicólogo forense, relativos a denuncias de violencia de género y abusos sexuales, para proveer de un mejor asesoramiento a las partes y a los magistrados de cara a la toma de decisiones.

Y es la exploración psicológica, sin lugar a dudas, la herramienta clave que un buen profesional de la psicología forense utiliza para analizar y valorar el objeto pericial. A través de una entrevista psicológica, abierta o semi-estructurada, se lleva a cabo una profunda evaluación de la persona, abarcando desde sus antecedentes familiares y personales, sus experiencias y su entorno social, hasta sus relaciones interpersonales, emociones, recuerdos y toda aquella información que nos permita conocer mejor el caso y los factores intervinientes en el hecho denunciado. Asimismo, la exploración psicológica suele complementarse con tests y pruebas psicológicas, así como con el vaciado de autos (estudio detallado y pormenorizado de todo el expediente documental aportado) y entrevistas con familiares y personas relacionadas.

Todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario y si bien en nuestra sociedad una situación de violencia de género o de abuso sexual coloca la etiqueta de víctima y culpable desde el minuto uno sin opción a réplica, es fundamental confiar en el asesoramiento experto de psicólogos forenses para evitar que presuntas víctimas o presuntos culpables sea estigmatizados por denuncias falsas que, si bien en un número muy bajo, puede dañar enormemente a la persona y a su entorno más cercano (hijos y familiares especialmente), no sólo durante el proceso desde que se interpone la denuncia, sino muy especialmente a la hora de superarlo, de centrarse en mirar adelante y rehacer su vida.

 

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Patricia Díaz Carracedo

Perito Judicial en Psicología Forense

Psicoterapeuta – Experta en Violencia de Género

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